Felix Rodrigo Mora.
Maldecap (ediciones) 2010.
Este pequeño opúsculo de apenas 63 páginas contiene, sin embargo, numerosos elementos válidos para iniciar una reflexión sistemática sobre nuestra actual situación política y social. El autor busca aportar ideas que permitan “liquidar la dictadura del Capital y del Estado” y constituir, en la manera de lo posible, una sociedad libre. Trataré de ser fiel al autor en la síntesis de sus ideas.
1 La actual crisis económica servirá como las anteriores para reforzar y regenerar el sistema capitalista.
2 La hegemonía de la socialdemocracia y la presencia decisiva de un marxismo vestigial[1] en lo que se ha dado en llamar “izquierda” obstaculiza sin duda cualquier cambio mínimamente emancipador.
3 La manipulación de la información ha generado un nuevo tipo de ignorancia muy extendida que ha permitido instaurar un estado ultra policíaco y un nuevo conformismo. Tanto los individuos concretos como las clases populares son, en gran medida por su sumisión libremente consentida al sistema vigente, responsables objetivos de su atribulada situación.
4 Caminamos hacia una economía de guerra disfrazada. El enemigo es China.
5 La tecnología y el trabajo asalariado han conducido a un amaestramiento generalizado de los seres humanos y a la conversión de los pueblos en masas.
6 Libertad de conciencia y una vida materialmente decorosa son presupuestos básicos de civilidad. Imposible hoy con el actual modo de vida impuesto.
El autor, que no se considera anarquista a pesar de la similitud de su ideas con algunas corrientes libertarias, ha sido miembro del grupo antidesarrollista “Los amigos de Ludd”. Es autor también del ingente y documentado trabajo: La democracia y el triunfo del Estado. Por una revolución democrática, axiológica y civilizadora (Editorial Manuscritos, 2010) y de la recopilación de textos, de la que nos haremos eco en otra crítica, Naturaleza, ruralidad y civilización (Brulot, 2008). “Niega cualquier vínculo con la Universidad, pues aspira a preservar a toda costa su libertad de conciencia y creatividad intelectual, para lo que se entiende debe quedar al margen de ese gran aparato de manipulación de las conciencias que constituye la vetusta institución, parte del Estado y a su servicio en todo lo que importa.”
Lo que sigue es una bien intencionada y algo espontánea mezcolanza de ideas del autor con reflexiones propias, de las que obviamente sólo yo soy responsable, sobre el actual estado de las cosas.
El presente sin pasado tiene un efecto paralizante, pero además un pasado inventado hace de la movilización del presente hacia el futuro puro fascismo. (Del Prólogo a Naturaleza, ruralidad y civilización)
El desdén por la libertad es omnipresente en la sociedad española contemporánea, como lo es en otras similares sometidas a la dictadura parlamentaria y partitocrática[2]. El dilema entre libertad y seguridad ha quedado resuelto, tanto por parte de las masas como de sus dirigentes, a favor de la segunda. La deriva de los actuales ciudadanos hacia la ganadería pura y simple es ya un hecho consumado[3]. Lo cotidiano, en gran medida gracias a la influencia del socialismo, ha devenido lo pedestre[4]. El ser humano actual, el individuo postmoderno, alcanza cotas de credulidad y conformismo que lo convierten en una caricatura de un ser humano. Chusma hoy, más que una imprecación interesada, es un término netamente descriptivo de lo que se agita ante nosotros, en el entorno pesadillesco no sólo de las grandes ciudades, con la coartada apariencial de lo bípedo. El triunfo del estatismo, y de la sociedad de control basada en el adoctrinamiento sistemático que lo posibilita, ha conseguido este lamentable logro. Las similitudes con la Roma tardía, con su infecta plebe ansiosa de “pan y circo”, es cada vez más inquietante.
La ideología del medio ambiente (“ecologismo”), que ha sacralizado al Estado como fuerza redentora, actúa como salvaguardia de lo existente y como parámetro de movilización y militarización pertinaz de la sociedad preparando la confrontación futura con China y otras potencias.
Gran parte de la entropía social que ha hecho devenir a los hombres piezas de ganado viene delos ideologemas y vivencias, hoy mundialmente difundidos en el mundo desarrollado, de la patética generación que tuvo Mayo del 68 como supuesto leit motiv inspirador[5]. De acá viene la inspiración de los nuevos reaccionarios que, enmascarados bajo retoricas anti sistema, constituyen la fuerza de choque de la nueva etapa del Capital en Occidente en la cual las restricciones al consumo colectivo e individual serán la norma. Con la crisis se preparan la reducción a la mitad de los salarios y la supresión de la mayor parte de los “beneficios” del Estado del Bienestar. Y es sólo el principio.
El enfrentamiento de todos contra todos, cuidadosamente orquestado desde la cúpula gubernamental (feminismos, antirracismos feroces, movimientos minoritarios absolutamente insolidarios y sectarios potenciados desde el poder…), posibilita la emergencia de este Nuevo Orden. Es la guerra: de los gobernantes contra los gobernados y, muy pronto, de Occidente contra Oriente.
¿Qué hacer?
Frank G. Rubio.
[1] “Los ideólogos”, como acertadamente los califica
Jesús Neira.
[2] Jesús Neira se ha ocupado de esta cuestión en su libro España sin democracia (Temas de Hoy) aunque desde una perspectiva, a mi modesto juicio, excesivamente formalista.
[3] Hemos entrado ya en la práctica en el terreno de las distopías.
[4] Poco más se podía esperar de una sociedad que tiene las ideas de la socialdemocracia como guía. Pablo Iglesias, fundador del socialismo español e individuo de una tosquedad intelectual más que obvia, tuvo siempre una concepción muy restringida y materialista del hombre: Animal laborans.
[5] El repulsivo, y autocalificado de pederasta por sí mismo, Daniel Cohn-Bendit es un ejemplo palmario de lo que hablo. Parlamentario europeo por los “verdes” fue uno de los vectores, muy posiblemente canalizado por los servicios de Inteligencia de los Estados Unidos, de la caída del general De Gaulle. Hoy es un fanático defensor del cambio climático y de la inmigración irrestricta. Ambas, estrategias patrocinadas por el Capitalismo norteamericano para descomponer mediante la aculturación las sociedades y militarizar la vida cotidiana.